Perú: la pesadilla ecuatoriana
Posted on June 21, 2010 by Cristian Leyton Salas
Hasta ayer, en Quito, estaban mas preocupados en la Elección presidencial colombiana que en su frontera sur.
Ecuador y Rafael Correa necesitaban “pacificar” su frontera con Perú, era necesario enfriarla en función de lo caliente que se había puesto aquella que les une a Bogotá. Por esta razón, poco y nada se ha ventilado en la prensa ecuatoriana la participación o no de Quito en la pretensión marítima peruana llevada a La Haya y que pone en riesgo la seguridad de la frontera sur, pero sobre todo, que pone en peligro la integridad territorial del mismísimo Golfo de Guayaquil ante un nuevo desconocimiento peruano de los Tratados de 1952 y 1954.
Según la visión peruana, la existencia de islas indicaría la naturaleza del tratado: Si existen islas aledañas al límite de dos países, según la Declaración de Santiago de 1952, el documento efectivamente tendría el valor de “Tratado de límites marítimos”, sino, entonces solo estaríamos frente a un “acuerdo pesquero”. En el límite que termina la frontera terrestre entre Perú y Ecuador encontramos la isla Santa Clara (ecuatoriana), por lo tanto estamos frente a un Tratado de Límites. Entre Chile y Perú no hay islas, por lo tanto, no hay tratado. Así de simple, según la postura de Torre Tagle. Para algunos contradictoria la postura peruana, para otros, simplemente poco seria, pero claramente funcional a la política interna limeña.
Hoy, La Haya ha invitado a Ecuador a hacerse parte de la demanda marítima y terrestre peruana. En función de ello, y a fin que Quito no intervenga directamente en la disputa, ratificando que los Tratados de 1952 y 1954 sí establecen fronteras internacionales, el mandatario Rafael Correa señaló que necesita un documento en el cual Perú y su Presidente establezcan que no existe ni existirá un cuestionamiento de la frontera con Ecuador. El mandatario Alan García, raudamente y en el mayor sigilo, redactó dicha carta y la hizo llegar a su homólogo ecuatoriano. Hoy se señala que dicha nota no tiene validez, ya que no es un documento jurídico oficial, diplomáticamente no constituye un antecedente que zanje cualquier intento peruano futuro para que una vez “ganado algo” en la frontera sur, dirija sus miradas hacia la norte.
Ecuador ha puesto a Alan García y Torre Tagle ante un dilema de la mayor complejidad. Una situación que en la Teoría de los Juegos se llama “estrategia de ganar o ganar”. Ecuador no quiere dar un golpe histórico en su relación con uno de sus mayores aliados en el Cono Sur, como es Chile, tampoco necesita ni quiere retroceder en el tiempo y volver a militarizar su frontera sur con Perú. Entonces, que mejor que exigir a su nuevo colega peruano una "simple" ratificación escrita según la cual esos “acuerdos” sí son Tratados de límites y así dejarles tranquilos, garantizando que los límites marítimos están sellados y que, a perpetuidad, no serán puestos en cuestión, al menos por la vía jurídica. No obstante ello, podemos apreciar el daño que le ocasiona a la postura peruana ya que al establecer la validez limítrofe de dichos “acuerdos de pesca”, Lima es indirectamente arrastrada a alinearse con la postura chilena. El sinsentido absoluto de la pretensión peruana.
Ecuador ha puesto en jaque mate a Perú. En la forma, no aparecen atisbos de una maquinación de Quito que afecte los avances de integración sin precedentes entre ambos Estados (sobre todo estos últimos meses), pero en el fondo, pone a Alan García entre la espada y la pared, y de paso toda la fabricación del caso. Negarse a suscribir un documento de peso jurídico obligara a Ecuador a ir a La Haya, hacerlo, le saca el piso a su demanda.
Chile posee elementos de sobra para demostrar la validez de su postura. Recordemos tan solo una. El Perú aduce la necesidad de establecer la “línea equidistante” para establecer los límites marítimos. Para ello quiere utilizar una disposición de la Convención del Mar (CONVEMAR) para exigir su aplicación, en específico, aquella que señala que “entre los miembros contratantes de la CONVEMAR” y cuando no hay acuerdo en temas limítrofes, se debe optar por la “línea bisectriz” para zanjar una disputa. El problema para Perú es que ellos no han suscrito esta convención, no forman parte de ella, por lo que difícilmente pueden usarla en su favor.
Hoy, en Torre Tagle y en Lima, no solo las presidenciales le quitan el sueño a su clase política. La pesadilla ecuatoriana los atormenta.


